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29.7.11

Fantasmas arquitectónicos

Veintinueve de julio de dos mil once. Cuatro de la mañana. Un día de verano cualquiera. Una noche de verano cualquiera. Calor, mucho calor. En Estepa no sopla el viento. No puedo dormir. Los fantasmas acechan, los fantasmas, Pedro Páramo, el desierto, el calor, la noche y el pensamiento inquieto, intranquilo, atormentado.

Alguien al ver una intervención sobre patrimonio histórico, castillo de La Iruela: "¿por qué los arquitectos siempre estáis intentando meter lo nuevo en lo antiguo?" "¿no podríais hacer que se notara menos?". La vida era más fácil antes de saber nada, antes de saber que tienes que saber algo, que estás en la obligación de saberlo. ¿Y qué más da la historia, y las cartas del restauro, y los CIAM? ¿Qué más da lo que los arquitectos hayamos dicho o hecho? ¿Le importa a alguien?

Acabar por acabar. Por acabar algo de lo que he empezado. Porque ya es mucho tiempo echado en esto. Porque a estas alturas, ya, ahora, por lo menos, conseguir el papelito firmado por el rey. Porque le he dado mucho a esta carrera, a esta máquina de devorar tiempo y alegría que llamo escuela, porque le he dado mucho a la arquitectura, ahora al menos que me de algo, que me deje enmarcar un papelillo, en un marco bonito, junto al título de bachiller, en mi cuarto. Que me deje alejarme, olvidarme, cerrar esto, disipar esta nube de gas tóxico. Y empezar otra cosa.

Hasta este año yo no sabía que con el título bajo el brazo ya no podré entrar en una obra, a no ser que la lleve yo. ¿Y eso por qué nadie me lo dijo antes? Hasta este año yo no sabía muchas cosas, importantes, básicas, capitales, vitales. Este año. Este curso, porque los estudiantes llamamos años a los cursos, a la mitad de un año y a la mitad de otro. Este año ha sido académicamente, arquitectónicamente, el desengaño, el mayor desengaño, el descubrimiento del mayor fraude, de la estafa.

Y no escribo más porque es tarde, y escribo para desahogarme, por compartir lo que me quita el sueño, que mañana ya será de otro color, y no tendrá tanta importancia. Mañana amanecerá, saldrá el sol, la luz, y estos fantasmas de la noche ya no tendrán forma.

Voy a ver si puedo dormir...