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5.6.09

5.VI.09 Letargo

Una semana después ¿será posible estar otra vez así? Hoy no he salido de casa. Apenas he salido de mi cuarto. Está todo repleto de montañas de papeles, de libros a medio leer, de discos. La cama está desecha y fría, mi nido. Hay ropa desordenada, bolígrafos. Oigo voces en el exterior, en los dos exteriores: el exterior de la calle a través de la ventana y el exterior del piso a través de la puerta.

No es bueno hablar con uno mismo durante demasiado tiempo. En la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla están de exámenes y entregas. En mi cuarto no. Nada de eso existe. No pasa nada, ni siquiera el tiempo. Miro las chinchetas que sujetan notitas. Son alegres, de colores, de plástico redondeado; pero también están afiladas y dispuestas a hacer sangre en un descuido.

He llamado a Nieves. No me lo ha cogido; estará ocupada con algún grupo, haciendo alguna entrega, que es lo que debería estar haciendo yo: alguna entrega...

En estos momentos todos nos cuestionamos qué es la Arquitectura, qué hacemos aquí, por qué lo hacemos... y si la duda te pilla lento, sin respuesta o con una respuesta demasiado ambigua, estás perdido. Hay que tener una verdad, falsa, pero verdad, para poder seguir adelante.

El mundo físico deja de existir para...

Son las 20:16. A las 20:30 viene el casero a cobrar la mensualidad y no tengo el dinero. Voy al cajero...
20:36 Ya están los euros sobre la mesa, esperando a que su recaudador terrateniente venga a por ellos. Euros, euros... por la calle he ido en manga corta, estaba lloviendo y hacía frío. Ha sido como si mi mente no hubiese salido de este cuarto cálido en el que entra el último sol naranja de la tarde. He estado aquí todo el tiempo, contemplando cómo mi cuerpo se vestía, bajaba la escalera, pasaba frío y se mojaba al andar por la calle, tecleaba en un cajero a cambio de papel tintado, y volvía por el mismo camino, ensombrecido por las hojas caídas en los charcos llenos de aceite de coche.

Ahora todo es quietud. Me gusta cómo ese rayo de luz naranja acaricia la pared tras el portátil. Va a durar sólo unos minutos, hasta que la inclinación del sol sobre la tierra cambie. Ahora me gusta ese mismo rayo que odio en los días calurosos.

Nieves, ¿cómo puedes tener un nombre tan frío con lo cálida que eres? He visto tu foto. Estamos en el coche de Natalia, yendo hacia el Rectorado en un día de primero. Éramos niños. Somos niños aún. Y por dios que sigamos siéndolo siempre, aunque nos disfracemos para salir a la calle.

1 comentario:

Tejada dijo...

Gracias Gab. Gracias P. Gracias Joe.

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