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29.5.09

29.V.09 Edificio rojo, pantalón rojo

Acabo de estar sentado junto a ella. Estaba angustiada de tenerme a su lado.

He llegado a la sala de informática del Edificio Rojo de Reina Mercedes. He cogido un puesto, he escrito un correo, lo he mandado. He sacado la tarjeta de la Universidad de Sevilla de la torre, y cuando iba a irme, de reojo, la he visto. Ahí, ELLA, sentada en el ordenador de al lado. Mirando fijamente a la pantalla. Pantalón rojo y converse rojas. Siempre le sentó muy bien el rojo.

Ya me había visto, creo, hacía un rato.

Entonces ha llegado mi amigo y se ha puesto en el mismo ordenador que estaba yo. Sin darse cuenta de nada de lo que estaba pasando. Él no sabe quién es ella ni lo que significa para mí.

Me he sentado entre los dos, mirándola, dando la espalda a mi amigo que estaba embobado en su mundo virtual.

- "Hola, no te había visto".

Silencio.

- "Hola Macarena, no te había visto antes".

...

Estaba tensa, yo albergaba la esperanza de que no me hubiese visto, por estar muy concentrada en su trabajo, y actuase así, ignorándome, por alguna razón lógica.

En eso ha emitido un sonido que no he alcanzado a entender. Un sonido apenas audible, sin siquiera gesto en el rostro, sin mirarme. He querido interpretarlo como un "hola, estoy aquí, y sé que estás ahí". No me he atrevido a interpretar nada más.

He estado mirándola; sus ojos, en escorzo, relucientes y flamantes, fríos y ardientes. Aún conserva ese fuego helado. Morena ahora.

Tensa por mi presencia. No consigo adivinar el origen de la tensión, ¿miedo? ¿desprecio? No consigo conformar una idea, un argumento, que la empuje a comportarse de ese modo. No lo entiendo.

He seguido mirándola, en silencio; expectante de una respuesta o un gesto amigable; me he sentido niño pequeño que espera algo con ilusión. Pero no se ha movido. Por un momento he pensado estar junto a la escultura de una Atenea, fuerte, guerrera y fría. Una escultura del mármol pentélico más puro con la dureza del diamante.

Al poco tiempo, demasiado poco, se ha ido. Ha recogido las cosas torpemente, deprisa. Las ha confinado en su mochila azul y se ha largado.

- "Hasta luego Macarena".

Silencio rápido.

¿Le he dicho hasta luego?

Mi amigo Ramón sigue en el ordenador sin percibir nada. No le he dicho nada, y como nunca leerá esto nunca sabrá lo que ha ocurrido en su presencia.

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