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21.10.08

21.X.08 Cenizas

Usar el blog para desahogarse no es tan malo ¿no?

Cientos de horas entregadas a una causa muy dura, luchando por miles de compañeros, día a día, buscando lo mejor, lo más justo para ellos, enfrentándote con tiranos, ogros, personas con coeficientes altísimos, tanto intelectuales como de infelicidad. Inteligentes infelices, odian todo cuanto tocan. Ahí estamos, luchando contra ellos, y sabiendo que a pesar de todo el tiempo, de todo el esfuerzo, nadie te lo agradecerá nunca. Porque siempre hay quien da más que tú, porque siempre hay quien aun haciendo menos consigue más, porque siempre hay quien... siempre hay alguien mejor, y sólo se ve al mejor. Eso lo sé, pero no me importa. No me importa lo que la gente opine, hago lo que creo correcto dentro de mis posibilidades.

En casa. Llegas y te encuentras a quien quieres con la música altísima, a pesar de que le has pedido varias veces al día durante muchos días que la baje, hasta la has bajado tú cuando ha salido. Encuentras luces encendidas sin motivo alguno, las apagas, y esa persona no se da cuenta, y lo vuelve a hacer. Encuentras a esa persona fumando, con un cenicero lleno de colillas, lleno de ceniza, en la puerta de al lado. Sabe que no soportas el olor a humo, sabe que te dan arcadas las cenizas y las colillas amontonadas. Dice que te quiere, es una persona tolerante, alternativa, respetuosa con el medio ambiente... pero, a pesar de haberte prometido que no fumará dentro, que saldrá a hacerlo, lo hace, y cuando llegas y todo huele a humo, a tabaco, cuando llegas destrozado de un duro día, y ves humo atravesando la puerta de tu cuarto, vibrando con la música que ensordece, cuando te encuentras con eso, ella te mira, y como si no se percatase absolutamente de nada te sonríe y te dice: "¡Hola!" en un grito ahogado por la música.

Entonces recuerdas los momentos en los que con el atrevimiento de una niña pequeña te ha echado el humo en la cara, y como la quieres, no dices nada. Pero después piensas,

¿me respeta tanto como dice?

18.10.08

Bruma invisible

Es de noche, pero el ruido de los coches en la calle aún permanece; sábado, gente yendo y viniendo de lugares interesantes o vulgares. Como siempre, inmóvil en la maltratada silla fabricada en serie con los materiales más baratos, escuchando, observando en silencio, acechando al mundo. Esperando que algo suceda, que alguien llame y diga: "Hola, no me conoces, pero estoy enamorada de tí. Te quiero". Y seguidamente cuelgue, empujándome al precipicio de varios años de intenso amor secreto hacia una persona que nunca he visto. Al final sólo sería el recuerdo de un sueño, tan feliz y real, que haría a cualquier triste alma aferrarse a él con uñas y venas candentes.

Las noches son cuando nuestros fantasmas nos hablan, cuando nuestro reflejo en el espejo se ríe y no sabemos de qué; son confusión, ambigüedad, libertad. Noches de deseo, de fuego, de búsquedas infinitas, peregrinajes al interior de la mente; y del alma.

Todo en mi mesa es blanco o negro, excepto una vela vieja que se apoya como una araña de patas de cera verde endurecida; y un post-it con instrucciones para una persona que despertará en mi cama mañana, con mi rostro y mi nombre, pero que no seré yo. Tendrá mis recuerdos, pero le restará importancia a los pensamientos que hoy me hacen enloquecer.

Desde aquí puedo ver el cadáver de una estrella de mar colgando de la pared, y un muñeco de madera congelado en mitad de un precioso baile.

Escribo cuando estoy difuso, cuando no sé quién soy; escribo cuando quiero hablar conmigo mismo, escribo de las cosas que verdaderamente son importantes, del cariño, de la sensibilidad, de la gente amada. Escribo ahora porque me siento protegido entre los muros de ladrillo, con el manto opaco de la oscuridad, con el silencio, en un momento atemporal. Es cuando mi alma sale fuera de mi cuerpo y puedo tocarla, puedo sentir las cosas a través de ella, todo es tan hermoso...