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1.1.08

Amanecer del 2008

Me he despertado a las cinco de la tarde. Hoy he visto amanecer, como todos los uno de enero desde hace años. Ha sido una noche extraña, como todas las noches en las que empieza un año y termina otro, una mañana en calma, como en todos los momentos que preceden un gran cambio. El 2007 ha acabado, y se ha cerrado. Ya sólo permanecerá en el recuerdo, un año. En cambio, ha nacido una esperanza, una página en blanco, un nuevo año en el que mejorar y hacer más cosas y mejor.

Reflexión es la palabra con la que describiría esta noche y esta mañana. Y con silencio el amanecer.

El amanecer de un año siempre es un momento mágico. Intento rodearme de mis mejores amigos, de personas relevantes en mi vida, y cada año hay unas u otras, y algunas que están siempre. Este año sólo ha estado Juande. Sólo hemos ido dos. Ha sido un duro golpe para la moral. Hacía frío encima del cerro, desde la muralla del castillo se veía toda la campiña y las luces de los pueblos parecían estrellas es una oscuridad casi total. El coche nos protegía del frío, del viento, y de los miedos de la oscuridad y los fantasmas del castillo.

Hemos hecho balance de un año complicado, un año que ya en sí es cambio, en el que han pasado muchas cosas y que más aún podrían haber pasado. Proyectos empezados que no se terminaron, muchos. Juande ha hecho balance negativo, y yo positivo. Nuestras son diferentes, pero seguimos muy conectados.

Balance positivo para el 2007, pero con un sabor triste, como recordando lo que podía haber sido y lo que fue... en el 2008 podremos arreglarlo. Amigos que van y vienen, mentalidades que se distorsionan, ideales, valores, jerarquías en la mente...

Ver el amanecer de un año y ser consciente de ello es algo muy profundo. Estás ahí, sabiendo que el resto del mundo duerme o está borracho, en un sitio especial, en un lugar que siempre es el mismo, como el menú de un videojuego desde el que vas haciendo diferentes pruebas, cada prueba es un año. Y cada año vuelves ahí, al castillo, a la puerta derruida, a las piedras amontonadas hace siglos por los hombres, para encontrarte contigo mismo, con el Tejada que hace un año estuvo allí, y hablar en silencio. Observar los pájaros, las nubes, los árboles, todo en calma, silencio, parece que el tiempo se para. Es un pico, el extremo entre la deceleración del tiempo en el año que termina y la aceleración en el que comienza. Reordenas tu mente... o al menos eso pasa por mi cabeza.

El 2008 ya está aquí. Y el Tejada del 2007 estará esperando un año al del 2008 para que le cuente cómo ha ido el año, y qué cosas han cambiado.

Foto: Juande

3 comentarios:

Anónimo dijo...

me encanta este escrito. me parece muy bonito aunque melancólico, como tu dices. Espero ke escribas más. 1 beso.

Anónimo dijo...

Solo tu prosa puede hacer que un instante vivido se convierta en mágico al impregnarlo de todo ese sentimiento,sencillamente perfecto, encuentro un anhelo que me encanta en todo el escrito, te animo a que sigas besos

F. Tejada dijo...

Vaya... muchas gracias :)

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