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31.12.07

Soy Nuez

En muchas ocasiones me han dicho que tengo una coraza, una armadura, una corteza, que he creado con el tiempo. Esa corteza me separa del mundo, y es tan dura como una nuez.

Hay gente que, en cambio, es como una manzana. Tienen su fina protección, y una vez traspasada todo es húmedo, acogedor, sencillo, agradable, suave, y se puede llegar con facilidad al corazón.

Las nueces somos diferentes. La corteza me protege, me siento seguro. Si me siento mal me cierro y ya estoy a salvo. Soy complejo, lleno de irregularidades, ambiguo, oscuro.

Muchas veces me he sentido dentro de una corriente de agua. Sé lo que pasa fuera, pero no me afecta. No tomo parte del mundo, estoy en él, pero no me impregna.

Muchos de los dilemas personales a los que me enfrento últimamente creo que están ocasionados por el hecho de ser nuez. La corteza me perjudica más que ayudarme, y cada vez es más dura y cuesta más abrirla. He tomado una decisión.

Esta noche es nochevieja. Cena familiar, campanadas, uvas, fiesta con los amigos, ritual de año nuevo… y el propósito:

“Este año voy a ser más manzana”

16.12.07

El refugio idealizado de la libertad

Ayer estuve en un lugar extraño, oscuro, divertido, y emocionante. La entrada estaba llena de bicicletas atadas a los árboles, a las farolas, a los barrotes de las ventanas, muchas bicicletas, y la mayoría eran de paseo, bonitas.

En la puerta había algunas personas, una de ellas con una peluca verde claro, me pareció divertido, y seguimos entrando. Atravesamos una pequeña sala en la que había una mesa con papeles y seguimos adelante. Las paredes estaban desconchadas, y más que cuadros, lo que había eran frases, ideologías, manifiestos… de gente importante, de filósofos, artistas, pintores, políticos…

El centro del lugar era un espacio semicubierto, desde el que se podía ver el cielo, las estrellas, y era donde se congregaba la mayor parte de las personas que anoche fueron allí.

Al fondo, había una gran habitación con un escenario, y varias personas estaban subidas, sentadas con sus guitarras, esperando impacientes mientras la gente se amontonaba delante de ellos en la oscuridad. Todas menos una, que tenía la cabeza afeitada.

Nadie me preguntó quién era, nadie me interrogó, nadie me dijo “no puedes pasar”; sólo sonrisas, y alguna palabra cariñosa, como en familia. La gente se mostraba amable, sin conocerme de nada.

Me divertí, escuché y leí cosas que me hicieron pensar, que todavía me hacen pensar, que me harán pensar, y que ya pensé antes de ir allí; por eso me gustó, porque aunque son cosas que creo muy simples, nunca oí a nadie cantarlo; ni hablar abiertamente de ello. Me sorprendió, y creo que voy a volver, algún día.

Ese lugar es un lugar sinnombre, no tiene, nadie lo sabe. Para ir hay que saber ir. Es mágico, es difícil encontrarlo si no sabes dónde está. Escondido. Lo interpreté como un refugio, un refugio intelectual donde esconderse, o donde reunirse con una libertad más verdadera que en otros lugares o ambientes.

Libertad, ese podría ser su nombre: El refugio de la libertad. Aunque supongo que habrá más como este por ahí.

He leído el texto que acabo de escribir y me doy cuenta de lo pronto que idealizo las cosas, la gente, los sucesos… tiendo a idealizarlo todo. Por eso quiero volver pronto, para aprender más de la realidad que de lo que se invente mi propia mente.

7.12.07

Geografías, Mario Benedetti

Hoy he seguido leyendo La Sirena Viuda, un libro de Mario Benedetti que me regaló Celia por el día del libro, pero unos meses después.

Lo he hecho mientras House se ausentaba y era sustituido por varios anuncios de champú, coches, y ese que tanto me gusta de Ikea.

Una de las historias que he leído, Geografías, me ha llamado especialmente la atención. Creo que escribe en primera persona cómo es el reencuentro con una amiga/amante tras nueve años. Durante ese tiempo él se exilió y ella estuvo en la cárcel por encabezar movimientos contra el régimen dictatorial en Montevideo en el 69.

A pesar de lo triste y polvoriento que puede resultar el trato que da al tiempo en este cuento, el paso del tiempo, los cambios… el final es muy fresco, ya no huele a miel y a arena, sino a perfume de mujer, a rosas mezcladas con ron y jazz. Me imagino la escena con la luz entrando filtrada por una persiana, la ventana abierta, el balcón, y el ruido de la calle mezclándose con ellos y ocultándolos, envolviéndolos en un mundo, formando parte de él, y en secreto.

Las últimas dos líneas son crudas, reflejan una realidad fuerte, la denuncian, la evidencian; pero no deja de ser un momento emotivo, íntimo, entre esas dos personas, entre él y Delia.

Un reencuentro en otro tiempo, con geografías cambiadas. Geografías lejanas, y otras tan cercanas que con una caricia se adivina su inexistencia.